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Archive for 17 diciembre 2009

Me decía un amigo, televidente común:…no suelo filosofar mi risa…cuando empecé a hacerlo noté que algo no andaba bien.

Considerar incluir a un personaje, cualquiera que sea su condición y su rol en la sociedad y plantearlo como un arquetipo que represente y sobre todo que cumpla la función de hacer converger colectivamente la representatividad de un pueblo o de una comunidad, tiene en sí dos condiciones: la primera que la colectividad libremente sienta un alto grado de afinidad y la segunda, que el personaje héroe en cuestión, represente una serie de valores y características dignas de ser seguidas e imitadas por la comunidad que lo distingue. Es entonces muy peligroso para la construcción de identidad y el concepto de colectivo social el que esos arquetipos estén manejados intencionadamente por un sector que pretenda direccionar el pensamiento de la masa a costa de un interés singular y que sólo procure el provecho de unos pocos.

Todo pueblo, establece modelos de representatividad que son necesarios para la consolidación de su concepto identitario;  el culto al héroe no es un evento exclusivo de la literatura fantástica, hace parte de una de las expresiones más imperiosas del andamiaje social. Desde siempre, los héroes han magnificado la singularidad de la comunidad y sus hazañas, sus acciones y la persistente muestra de coraje representada en la lucha por superar las dificultades y salir avante por encima de sus enemigos y detractores, le han privilegiado con la honra y el culto de sus congéneres siendo pilar fundamental para la comunidad, tanto así que el mundo griego los encumbró hasta la figura de “semidioses”.

El “areté” o sentido de excelencia característico del héroe está incorporado a su ser y a la extraordinariedad de sus acciones, que lo llevan a constituirse en un modelo de valores dignos de seguir, convirtiendo su existencia en un espacio épico y su grandiosa manera de vivir en un desafío posible para el hombre común, donde el héroe tiene la responsabilidad de ser modelo  de quien, los menos favorecidos, tomarán arrestos para seguir con su guía el ondulado camino de la existencia. Su intrincado código de valores es la suma de aquellas virtudes que ha cultivado y que tienen que ver con la solidaridad, el alto grado de honor y responsabilidad social, el amor, la sensibilidad y demás dones que enriquecen su espíritu. Al igual que móviles éticos firmes que le impliquen la búsqueda de la justicia y cuyas estructuras no le permitan la transgresión a menos que sean por consecuencia de su desmedido amor por las causas nobles y la ruptura de leyes establecidas que pasen el límite de lo prohibido pero sólo para alcanzar sueños imposibles en defensa de los desvalidos, el fin de la injusticia y opresión o la búsqueda de un mundo mejor.

El héroe además de hacer el bien, busca llegar a la inmortalidad;  la fama y el reconocimiento no son conscientes, pero es parte de su deseo por no ser olvidado y por escribir con sus hazañas una imborrable página en la historia;  sin embargo  estas  búsquedas están superadas por la pureza de su corazón y la magnificencia de su espíritu que dignifican aun más su código de honor.

Sin embargo, el paradigma del héroe ha evolucionado con el paso del tiempo y muchos de esos valores analizados anteriormente nos alejan bastante del nuevo héroe…desde Cervantes, quien se burló del paladín homérico y creó un personaje  anacrónico que instauró la figura del antihéroe, venimos observando un desfile copioso de  paladines que aparecen ya no entre las sombras de las narraciones de antaño, ni en la palpitante imagen de una tira cómica semanal, sino en el aparataje seudo cultural que ofrece la pantalla chica. Sólo ha cambiado un poco el formato de presentación, la manera de decirlo y obviamente el narrador pero el objetivo pareciera ser el mismo sólo que con peligrosos tintes intencionados y la sensación de no estar interesado más que por una fragmento anodino de su labor: la fama…sin embargo pareciera que el héroe sigue buscando entretener, crear un modelo a seguir e insuflar esperanza sobre todo lo que nos es incontrolable.

Hemos pasado por figuras colosales como “Rambo” que en 1982 representó un paradigma de héroe ciego de venganza, glacial y para quien los valores estaban representados por las armas, la guerra y el hogar era todo sitio donde lo necesitaran; o Schwarzenegger en “Terminator” quien en el año 84, nos presentó un héroe robotizado, habitante de un lugar apocalíptico donde la violencia era su máximo ingenio, héroe estoico que se alejo bastante del modelo del que hablara la épica.

Todo esto sumado a la inminente presencia de los medios de comunicación, en especial de la televisión que direccionan el pensamiento y que han convertido un medio con infinitas posibilidades, en un instrumento para atolondrar y limitar las mentes de los que dejaron de ser el eje fundamental del periodismo o de la comunicación, para convertirse en los menguados asistentes de un circo mediático que utiliza al televidente como un consumidor vicioso de una droga imposible de rechazar.

Si bien lo dijera Anabela Ascar refiriéndose al “Martín Fierro”, no a la obra cumbre de la literatura argentina obviamente, sino al premio otorgado por la crítica y que la circunscribe como la presentadora número uno de la televisión Argentina: “Lo Bizarro es necesario, es fundamental en la sociedad” y en eso estoy de acuerdo, en tanto que una manera de salvarse de la tensión del diario vivir es reírse y si es de uno mismo mejor, y dado que la vida  tiene una dosis de sublime, tan alta como la tiene de majadería, puedo entender y es lógica la aparición de un personaje con tan increíble desbarro como Ricardo Fort y peor aún, tiene sentido que personas como Marcelo Tinelli a la cabeza y luego los encargados de la titulación de toda suerte de programas de chismerío, usen para él y sin miramiento expresiones como: “El hombre del año”, “la representación de un estilo de vida que muchos tipos quisiéramos tener”, “el nuevo ídolo argentino”; lo que sí es totalmente inadmisible y excesivamente preocupante es el descenso vertiginoso que sufre la escala de valores en desmedro de la inteligencia y la condición del televidente, que para mi sigue teniendo un papel capital como sujeto interactuarte en la acción comunicativa, y que los medios han convertido en el idiota útil de una estructura de intereses particulares que además se los enrostra vulgar y desvergonzadamente día a día a través de la pantalla; y más aun, es inconcebible la manera como se idolatran los excesos de  este triste multimillonario que es, según el criterio del “Gurú del espectáculo”  el nuevo paladín artístico y a quien él dice amar, siendo desalentador observar el séquito periodístico que se babea frente a las riquezas, las alhajas y los millones del nuevo Rockefeller del cacao que con su puesta en escena no tiene diferencia que lo separe de los mejores momentos del viejo programa “Titanes en el Ring”, emisión televisiva en el que molían a golpes al oponente, a la vista del enardecido público infantil, juvenil y adulto cual flor de espectáculo macilento en virtud de ser un espacio para toda la familia. ¿Es Ricardo Fort el nuevo Caballero Rojo, el nuevo Karadagián, el nuevo Tuffic Memet de un circo televisivo que con más glamour pero menos decoro, hace las delicias del público ávido de chusmerío? ¿éste es el nuevo héroe?, ¿éste es su mundo? Vertiginosa zambra donde se juran odios y cartas documentos en un desfile de lágrimas, mentiras y vergüenzas que llevan al hombro programa tras programa terminando en una aburrida ronda chimentera después de saciar su morbo con lloriqueo de utilería, insultos y jaleos de ralea elegante.

Si bien es claro que este es uno más de los personajes que pasarán sin pena ni gloria por la historia de la televisión y vendrá el olvido y la desatención en un par de días, lo que preocupa es el enorme poder nada despreciable que tienen los medios de comunicación en la sociedad y en especial en esta, donde la libertad de expresión tiene tan amplio resorte y tan poco tamiz y donde el paradigma está representado por estos personajes almodovarezcos que nos ofrece el mercado televisivo;  o por la sísmica influencia de la noticia repetida miles de veces o amañada o engañosa o montada o preparada o inventada o aumentada por la guerra caníbal del raiting en que se traban los diferentes canales; o por la sospechosa duda con la que se viste últimamente  la verdad.

No sé si lo que más me apena es todo esto, o la similitud entre “Las Dagors” y “Las Electoestrellas”, valga decir que con la única diferencia que las voluminosas cantantes si se saben las letras y las coreografías; entre Ricardo Fort y Mercenario Joe o Mr Moto, o entre Tinelli y un vendedor de cachivaches o lo que realmente me asusta es que el hombre del común se haya atiborrado tanto de espectáculo que no logre distinguir la verdad de la mentira, el golpe de la acrobacia circense, la noticia del artificio, el presentador del mayorista o un  ministro de educación de un bellaco y haya permitido que se vulgarice tanto la verdad o la virtud brillante de arte, que ya no logre reflexionar, sentado frente a la pantalla de su televisor, si no es mejor apagarlo y decidirse a releer algunas páginas de “El hombre mediocre” de José Ingenieros mientras aparece El  Verdadero Héroe que venga a liberarnos a todos de esta esquizofrenia televisiva.-


Por: Maritza R———————-

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